Un periódico excepcional e irrepetible

0
78

*** Tenía que ser precisamente el periodismo maracucho. Una de las escuelas más soberbias para enseñar un oficio que solo se aprende bien, cuando se está ebrio de lucidez y hambriento de calle y tubazo

Una singular y extraña circunstancia trajo hasta mi dirección de correo electrónico la curiosidad de unos estudiantes anónimos y virtuales. Mantuve con ellos un intenso debate epistolar, pero aún es fecha que no les conozco. Huérfanos de apoyo, como todos ellos suelen serlo, pretendían conocer mis impresiones sobre el diario “El Zuliano”, editado en Maracaibo en el transcurso de los años 82-83. Me agradó la idea y de igual modo que fueran estudiantes de mi Alma Mater quienes perseguían ese fantasma dorado que aún habita en los sueños de todos aquellos que nos formamos en la redacción de un periódico excepcional e irrepetible.

En honor a la verdad me costó algo de trabajo entender su exigencia. Su solicitud era escueta y poco precisa. Terminé por entender al tercer “Emilio” que mi desconocida solicitante, procuraba un artículo de opinión para una eventual revista, que supongo concluyó en un trabajo de cátedra, que a su vez debe recoger la mayor cantidad de opiniones sobre el fenecido diario. O mejor dicho, la joven bachiller -Loanny Parra para más señas- me pautaba con rigor de duro Jefe de Redacción y ponía término a mi vagancia diletante, para la entrega de un articulo, jamás solicitado, pero que debía ser escrito en menos de dos días. ¡Qué molleja! se podría replicar en maracucho.

Cosas del periodismo me dije para tranquilizarme, al tiempo que pensaba  que este oficio nunca deja de sorprenderte. Tenía que ser precisamente el periodismo maracucho. Una de las escuelas más soberbias para enseñar un oficio que solo se aprende bien, cuando se está ebrio de lucidez y hambriento de calle y tubazo. De otra manera no se puede concebir esta aventura. Si no está preparado para asumirla de esta manera, mejor estudie derecho o sociología. Seguro obtendrá grandes satisfacciones materiales y/o profesionales, pero nunca las que deparan ser un reportero.

Eso fue para nosotros “El Zuliano”. Una experiencia intensa, alucinante y soberbia. Fue la posibilidad cierta que muy pocos periodistas en su vida jamás habrán de enfrentar. La experiencia de tener un periódico para ellos solos, y poder hacer en consecuencia el periodismo que se nos antoje, y nos venga en gana.

Sucede y dio la buena suerte, que se nos ocurrió hacer periodismo del bueno. Vivíamos en libertad casi plena, donde el límite más conocido por todos nosotros era la capacidad de imaginarnos las cosas. Constituyó un sólido complemento a la formación académica que en nuestro caso no culminó con el acto de grado, sino que por el contrario se inició con más rigor a partir de ese momento. Un diario avanzado y de avanzada, que posiblemente nació antes de tiempo y en  circunstancias que impidieron a sus capitanes administrar con mayor prudencia (o inteligencia) el inmenso caudal de posibilidades que se rendían ante ellos.

Aún con todo y su corta vida – vivió 9 meses de una pletórica campaña electoral- El Zuliano fue una escuela de donde salieron excelentes reporteros, que hoy suscriben con su firma, felices páginas de la prensa nacional. Otros escogieron vidas más apacibles, pero seguro deben suspirar, cuando recuerdan la parte de historia que les correspondió escribir. Duró el tiempo justo de un parto, y eso constituyo para todos nosotros: el nacimiento a la dura vida de “los reporteros fuera de serie”.

Usó el color a full página antes de que otro icono de la prensa nacional como fue El Diario de Caracas, lograra atrapar la atención del lector con una diagramación limpia y ordenada. Incorporo la jerga y el habla maracucha a la hora de titular y  escribir historias comunes que se transformaban en noticias memorables y reportajes de muy fina factura.

La fotografía jugó un papel determinante en su propuesta informativa, y el orden y la coherencia en la determinación de secciones y temas fue fundamental  en su presentación. Nos inspiraba – obviamente sin saberlo- una filosofía  bastante parecida la teoría del caos. A pesar de lo caótico  del hilo que conduce la vida de un periódico, su producto final no debe constituir un insulto a la inteligencia de sus lectores y de eso nos ocupábamos a diario. Conservo las ediciones empastadas de los primeros tiempos, así como las pruebas Cero, y en la distancia sigue siendo un gran periódico. Sentíamos devoción por la tarea y respeto por el lector.

Éramos felices y desesperados. Trabajamos duro,  muy duro para cerrar a tiempo y en orden. Disponíamos del mayor y mejor apoyo tecnológico del momento. La impresión era excelente y la producción del diario estaba a la altura de los mejores de América latina. Los trabajos en la frontera, por sólo citar un ejemplo,  se realizaron con apoyo de aviones y helicópteros del periódico o el grupo económico editor, en un despliegue de movilidad nunca antes  visto en la región.

Un suceso en pleno corazón del Lago era pan comido y tubazo seguro para la competencia, hasta allí llegábamos en Helicóptero, en cayuco o submarino. Pedro Soscún viajó y volvió el mismo día de la tragedia del avión de Avensa en Barquisimeto. Yo cubrí el mitin de clausura de  Rafael Caldera en Caracas, lo cual me permitió ese mismo día, escribir en perfecto maracucho una crónica vivencial, que en nada perdió  pisada al trabajo de los diarios Caraqueños.

Teresa Montiel viajó a Maiquetía, y trajo  consigo espectaculares fotos de la tragedia de Tacoa. Mientras la competencia anunciaba la visita del “Búfalo” Díaz Bruzual, Elmer Niño lo entrevistaba en las cercanías del periódico comiéndose un cepillado de colita con leche condensada. Ángel Medina publicaba con un día de antelación la noticia del Nobel de García Márquez, gracias a sus conexiones con la Guajira Colombiana y unos brujos de Alitasía. El periódico era un cargamento de tubos que caían de manera inmisericorde, todos los días  sobre una competencia atónita y adocenada

Luego de  culminar la  jornada, salíamos a liquidar las existencias de whisky y cerveza de la ciudad. Nuestras correrías contaban con una buena ración de pastelitos, arepas, perros calientes, pizzas y comida china. Pero si nos reventaba una noticia, en mitad de la celebración,  emprendíamos la ruta que seguro nos garantizaba un tubazo, que con gusto imprimíamos en la frente de la competencia. Como reporteros nunca cesaba nuestra labor.

El cine, la poesía, la política, la economía, la vida internacional, el deporte, la agricultura la ganadería, la vida universitaria y la gestión desde los gremios eran nuestro problema diario. Los sindicatos, las etnias que habitan el Zulia, la relación con Colombia, la vida religiosa, las colonias extranjeras, la astrología, el mundo pop, la opera, el sexo, el ombligo de las lechugas, y la sonrisa de la Monas Lisa, eran las fuentes habituales de un periódico que no dejo de escrutar nada de lo que pasara frente a sus ojos. Lo que no se escribía no existía.

La pauta era un rito colectivo y feroz. Se peleaba  palmo a palmo por la imposición de la noticia que tú querías trabajar, enfrentando con rigor e inteligencia la línea editorial que  se  te quería imponer. Valga decir, que  por ser línea  del diario, no necesariamente era mala o precaria. Todo lo contrario los hombres del periódico, sus jefes y directores, al igual que nosotros, eran también gente inteligente y desesperada, lo que terminaba por convertirse en un conflicto bello y apasionado.

Había por lo general conciliación y diálogo. Se enriquecían ambas ideas en un ejercicio que nos hacia escribir mas de los previsto en unas máquinas mecánicas, nuevas, duras y nobles. Sin distingo alguno, cualquier reportero – de cualquier fuente- traía la exclusiva  que modificaba una primera plana, que ya de por si era buena. Vi modificar varias veces la portada de la edición del día siguiente en un ejercicio delirante y didáctico. En términos de béisbol, ese line up, era similar al de los Caribes de Oriente en la etapa final del presente campeonato de béisbol profesional. Cualquiera daba un palo para la calle, hasta los pasantes por decir lo menos.

Como toda bella historia, esta tiene también un mal final. La inteligencia y la entrega  que caracterizó a la redacción, jamás permeó a la esfera administrativa. Al surgir problemas  serios y graves, los socios no se la jugaron completa, y cuando las dificultades financieras hicieron su aparición, se comenzó a escribir la última cuartilla. La  competencia nunca vio con buenos ojos la posibilidad de convivir y compartir la ciudad y la torta publicitaria con otro periódico. La  ciudad y la región al parecer no estaban listas para soportar una generación emergente de empresarios y periodistas.

Presiones de alto nivel hicieron posible que los avisos escasearan. Luego aparecieron unas “manos anónimas” que sabotearon la distribución del periódico. No sabemos cómo pero se llego a  comprar la edición completa del periódico antes que circulara. En la desesperación, se abrieron varios frentes de manera simultánea, al tiempo que la alta gerencia de El Zuliano equivocó la estrategia de defensa. Se atrasaron los pagos al personal, dándose inicio a una errada política de reducción de la nómina -sobre todo en el área de redacción y producción- decretándose el final de la luna de miel.

En los primeros días de Agosto del año 83 circuló el último diario, en un acto de profunda indignación para quienes lo vimos morir cercado y estrangulado por la mezquindad y la torpeza. Una amarga diáspora regó por toda la región y el país a esos fabulosos reporteros y fotógrafos. Algunos romances cesaron de improviso, pero también se celebro tiempo después un matrimonio que aún sobrevive, entre una fotógrafo y una reportera que en cualquier momento son abuelos. Pero eso es otra historia.

La que me pidieron que les contara es  esta, que por lo demás resulta única e irrepetible. La historia de un maravilloso periódico

Alfredo Álvarez

Barquisimeto 2017

 

 

Miguel Otero Silva y su generación de periodistas que se hizo sentir http://noticiasjr.com/una-generacion-de-periodistas-que-se-hizo-sentir/